lunes, 13 de julio de 2015

Disfruta el Camino, No la Meta


Disfruta El Camino, No La Meta. Por Carlos " Fifo" Rengifo.
Quiero empezar este artículo agradeciendo a Ary por la invitación a participar en este blog y por tener la iniciativa de crear este espacio. Los músicos usualmente llevamos una vida muy ocupada y sacar tiempo para compartir información es un gesto muy generoso. Estoy seguro que este blog no solamente ayudará a bajistas principiantes y expertos, sino que también se convertirá en un sitio donde los bajistas podamos compartir nuestras ideas generando un sentido de comunidad. 
Hoy quiero compartir con ustedes una idea que considero muy importante para la salud mental de todos los músicos. Es la idea de disfrutar el camino y no obsesionarse con la meta. Esto es algo que he leído y escuchado de muchas fuentes y no podría citar a una sola de ellas como la fuente original. La primera vez que leí al respecto fue en el libro “Effortless Mastery” (Maestría Sin Esfuerzo) de el pianista de jazz Kenny Werner. En su libro, Werner cita varias veces al libro “Zen in the Art of Archery” (Zen en el Arte del Tiro con Arco) del filósofo alemán Eugen Herrigel. Estos dos libros han sido de gran ayuda en mi desarrollo como bajista, arreglista, compositor y educador. El primero esta escrito específicamente para ayudar a los músicos. El segundo es considerado el libro que introdujo el Zen a las audiencias occidentales a finales de la década de 1940. En este articulo voy a hablar de cómo aprender a disfrutar el camino me ha ayudado como músico.
Todos los músicos nos ponemos metas en nuestras carreras: Tener un título profesional, tocar con grupos profesionales, acompañar a artistas internacionales, tocar e improvisar en una variedad de estilos, etcétera. Para alcanzar estas metas debemos recorrer muchos caminos largos: Estudiar nuestro instrumento (técnica, escalas, arpegios, improvisación, repertorio), estudiar teoría (armonía y solfeo), estudiar piano complementario, ensayar con ensambles, y muchas cosas mas. La lista es interminable, y cada uno de los artículos de esta lista son interminables también. Por ejemplo, ¿cuántas escalas podemos estudiar y en cuantos ritmos o patrones lo podemos hacer? ¿Cuántos temas de jazz nos podemos aprender en las doce tonalidades? ¿Cuántos solos y líneas de bajo podemos transcribir y aprender a tocar? Solo pensar en la cantidad y la longitud de los caminos es suficiente para desanimarnos, poner el bajo en el estuche, y olvidarnos de nuestras metas. Otros con mucha motivación hacen cálculos poco realistas: “Si estudio 16 horas al día, dejo 2 horas para las comidas y otras labores, y duermo 6 horas…” Muchos hemos estado en esa situación y no entendemos porque después de unos días se acaba la motivación. 
Cuando empecé a cumplir algunas de mis metas, en muchas ocasiones terminaba con sentimientos encontrados: contento de haber cumplido una meta pero con la frustración de que podría haber tocado mejor. Entonces empezaba a dudar de mi mismo y a sentir miedo: ¿Qué tal si no tengo lo que se necesita para ser un buen músico? ¿Qué van a pensar mis compañeros de grupo si sigo tocando “mal”? ¿Qué va a pensar la audiencia? Y la respuesta a casi todas esas dudas y miedos era siempre la misma: debí haber tenido más motivación y estudiar más. Después de muchos años de darme golpes de pecho entendí que la motivación se me acababa porque siempre estaba obsesionado con esas metas y quería recorrer el camino rápido para llegar a ellas. Cuando reflexionaba sobre las metas cumplidas me daba cuenta que la duda y el miedo no me habían dejado disfrutar de ellas. 
El proceso para salir de ese tipo de miedos y dudas es demasiado largo para escribirlo en un solo artículo, pero creo que la idea de disfrutar el camino y no obsesionarse con las metas es una buena forma de resumirlo. Hay muchas formas de aplicar esta idea en nuestro diario vivir como músicos, y mientras más la apliquemos, mejores resultados vamos a obtener cada vez que toquemos. Estas son algunas de las formas en que trato de aplicar esta idea cuando toco bajo:
Estudiando técnica: Cuando tomé clases maestras con el gran bajista clásico Jeff Bradetich, el insistía que siempre debemos tocar musicalmente. No importa si estamos tocando Bach o Bottesini, o simplemente una escala o ejercicio técnico. Decía Bradetich: cada vez que toquemos el bajo debemos tocar música que nos agrade y nos haga sentir felices de tocar nuestro instrumento. Con eso en mente, cuando estudio técnica y escalas, siempre hago algo para que no sea un proceso tedioso. A veces improviso dentro de la escala, o uso diferentes fraseos, dinámicas y/o articulaciones. Si pienso solo en la meta (tener una mejor técnica), el proceso se vuelve tedioso y pierdo la motivación. Si pienso en disfrutar el camino (disfrutar de lo que estoy tocando en ese momento), puedo estudiar horas enteras sin aburrirme y la meta llega por si sola.
Leer música: Cuando leemos música (especialmente si es a primera vista) nuestra meta es tocar la pieza con la menor cantidad de errores posibles. Cuando me obsesiono con esa meta, cualquier error, por pequeño que sea, me desconcentra y me hace cometer mas errores. La mente se vuelve mi enemigo pues la obsesión con cada error hace que me enfoque en lo que debí haber tocado y no en lo que debería estar tocando en el momento. Mis oídos se cierran y dejo de escuchar al resto de la banda. Las veces que mejor he leído música a primera vista es cuando mi enfoque es disfrutar lo que estoy tocando y disfrutar de la oportunidad de tocar buena música con buenos músicos. Siempre cometo algunos errores, pero si me enfoco en sentir mi línea de bajo acoplada con el ensamble y disfrutar de eso, los errores son muy poco notorios y no afectan el resultado final de la música.
Auto-crítica: También trato de tener cuidado con esta idea pues no se trata de excusar los errores y volverme perezoso con la disculpa de “disfrutar el camino” . La auto-crítica es muy importante para mantenernos siempre aprendiendo y mejorando, pero si es enfocada solamente en las metas (tocar lo mejor posible, ser el mejor músico que podamos ser, etc.), esta nos llevara a los temores y las dudas. Cuando reflexiono sobre algún recital, concierto, o un simple trabajo en un bar, siempre empiezo por pensar en los buenos momentos: que hice bien, que momentos se sintieron interesantes musicalmente, que momentos cautivaron a la audiencia. En resumen, en que momentos sentí que estaba disfrutando de la música y de la oportunidad de tocar con buenos músicos (el camino). Una vez tengo un recuerdo positivo sobre la experiencia, hago un análisis de lo que tengo que mejorar para la próxima vez.  Esto hace que la auto-crítica sea basada en la experiencia completa: los buenos momentos y las cosas por mejorar. Es muy común que nos enfoquemos en lo negativo y no nos demos crédito por lo que hicimos bien. Este tipo de crítica refleja una obsesión con las metas y, como dije anteriormente, crea dudas y temores. Un bajista con miedo no es un buen bajista.
Estos tres ejemplos son solo un comienzo pero espero que sirvan para darles una idea de cómo aplicar este concepto. En resumen, esta idea es un llamado a disfrutar más de nuestra profesión y no castigarnos demasiado duro por lo que “podría haber sonado mejor”. Por el contrario, los invito a que piensen de una forma diferente: Si en alguna ocasión todo sale perfecto y no cometes ningún error, es porque no estás exigiéndote a ti mismo al nivel que deberías. Simplemente te estas manteniendo en la zona de confort, tocando con grupos que tocan música muy por debajo de tu nivel, escogiendo repertorio demasiado fácil, o simplemente te estás quedando con el repertorio que ya conoces y no estás aprendiendo nada nuevo. Los errores pueden ser una muestra de que estás avanzando en el camino. La perfección te puede dar una falsa sensación de que ya llegaste a una meta que no existe. La única meta esta dos metros bajo tierra.

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